
Madre, dame un nuevo beso,
que los dados ya los gasté, mientras sufría.
Quiero que me acaricies
con los brazos de tu desvelo,
sobre el altar del mirar en la lejanía.
Ya peino canas en las historia
pero sigo sintiendo que soy tu niño,
y sobre mis miedos, me acurruco a tu vera,
para no temer lo que supongo será,
una larga y dolorosa espera.
Que por los muchos besos dados
nada es más de lo que mas se debe
y en el amor que fue recogido,
tu figura, es sombra de la luz imaginada
y tu recuerdo, alimento que se bebe.
Madre, yo te siento tanto,
que cuando te toque y te vallas,
mi alma se irá contigo...
y mi mente, obligada a peinar recuerdos,
tenderá a mecerte sobre mi cariño.